1988 fue un año extraordinario, al menos en lo cinematográfico, para la recientemente fallecida actriz Ana Luisa Peluffo, una de las pioneras de los desnudos en el cine mexicano. Ese año la Peluffo salió en nueve películas. Y además en la famosa telenovela El Pecado de Oyuki. De las películas tres son de los mayores clásicos del cine nacional: Bancazo en Los Mochis, Intrépidos Punks y El Violador Infernal. Estas dos últimas han sido restauradas en años recientes en 4K y relanzadas en Blu-ray.
Pero voy a analizar otra película estelarizada por la Peluffo en el 88, Ratas de Vecindad, donde comparte créditos con Ernesto Gómez Cruz y Sergio Bustamante entre otros.
Contrario a lo que podría pensarse, Ratas de Vecindad no tiene nada que ver con la sexicomedia ni vende albures. Se trata de un drama bien escrito, cuya trama parece reflejar la crisis económica de los 80´s en el país. El ingeniero Héctor Malagón, el personaje de Gómez Cruz, esposo de Mariana, el personaje de la Peluffo, tenía una constructora pero lo perdió todo. Y se dan varias explicaciones de como quedó en la ruina: Que si el juego y el alcohol, más adelante resulta que fue una inversión que le salió mal pero de lo que más se habla es de que fue el pinchi karma, pues el ingeniero en los buenos tiempos era un pinchi ojete. Es decir, era insensible y cruel. Sobre devaluaciones y crisis económicas ni una palabra.
Suena a fábula moralista pues primero viene lo del juego; las cartas y el hipódromo, a lo que se le agrega como por no dejar la bebida pues ni modo que alguien lo pierda todo en sus cinco sentidos. Y además de eso la ojetez.
Después el inge se arrepiente, tras pasar una noche detenido por robar comida, la misma noche en que su esposa pierde un hijo, o hija, por un aborto involuntario.
Y ya después del arrepentimiento nos enteramos que hizo una mala inversión, como para que veamos que en el fondo no es tan malo.
Suena exagerado eso de tener una compañía constructora y estar en jauja y dos años después no tener para comer pero en fin.
El caso es que tenemos con el ingeniero Malagón una visión del dinero y otra con otro de los personajes principales de la película, el prestamista/agiotista Malaquías, un judío que como ordena el estereotipo es un avaro que no quiere gastar ni en su propia comida y sólo piensa en su dinero, sus joyas y en alejar a su hija de los vagos de la vecindad donde vive. Si pudiera también metería a su hija a la caja fuerte. Lo que no haría es mudarse de esa vecindad a un lugar mejor, cosa que podría hacer, y que es lo que la hija le pide, pero prefiere no gastar.
A Héctor Malagón el karma lo deja en la ruina y en cambio para Malaquías el dinero es el karma y lo acaban matando por el. O sea ser pobre denota vicios, alcoholismo y demás, pero tener mucho dinero es pedir que a uno lo asesinen.
De cualquier modo lo que vemos es que en la vecindad el dinero viene del sexo y la violencia. O te lleva para allá.
La "prostituta corazón de oro" Violeta llegó a la ciudad buscando trabajo y en todos padeció a hombres que quisieron abusar sexualmente de ella así que acabó de prostituta irremediablemente, casi como las piedras que caen por la ley de gravedad.
Los jóvenes de la vecindad sueñan con ser judiciales, o por lo menos ser madrina, como se les dice en México a los que trabajan para los policías judiciales de manera irregular. Para ser judicial o madrina se necesita dinero pero ya "siendo ley" y portando pistola se puede ganar el dinero que sea, como dice uno de ellos.
Hasta un plomero que vive en la vecindad sólo puede resolver sus problemas económicos robando, aunque al final por ese robo acaba muriendo.
No hay de otra, no hay salida. Si la policía ve que unos teporochos borrachines se están dando un festín, de inmediato llegan a averiguar que cosa ilegal hicieron.
Y el inge, que cae en la cárcel acusado injustamente de matar a Malaquías, finalmente encuentra chamba. La ironía es que afuera no encontró trabajo pero ahí en la cárcel, "el rey del crimen" necesita un ingeniero, alguien que sepa de matemáticas.
Pero sale de prisión, pues un funcionario evita que los judiciales la hagan confesar a tehuacanazos, o sea torturándolo, un crimen que no cometió, y después este mismo funcionario se pone a buscar al verdadero asesino.
Un funcionario mexicano honesto, supongo que algo más difícil de encontrar en la vida real que las prostitutas con corazón de oro, estaba también en el camino del ingeniero Malagón. Nada mal para un tipo que había acumulado mal karma. Ganaron los buenos, ganó el amor, pero sobre todo ganó la constitución pues el funcionario honesto no es más que un servidor de la constitución mexicana. Insiste más de una vez en que hay que obedecerla, y señala que los tehuacanazos con chile no están permitidos por la constitución y que esta garantiza los derechos humanos. La constitución salva al inge. Así que ¡Qué viva México y que viva la constitución!
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