martes, 2 de junio de 2026

Un ajolote suelto en Hollywood

Shell (Max Minghella 2024) es muy parecida a La Substancia. Las dos películas son sobre mujeres, ambas celebridades en decadencia, que toman tratamientos para la eterna juventud que las acaban deformando. La principal diferencia es que Shell, la compañía de donde toma el nombre la película,  que produce la cura milagrosa, es dirigida por Zoe, una influencer que la maneja como un culto. Como suelen ser los influencers, los de la manósfera por ejemplo, o los influencers de la belleza masculina etc.

Esta compañía toma su fórmula antienvejecimiento de langostas, ajolotes y otros animales y es tan un culto que los iniciados acostumbran hacer cenas y comerse la piel de Zoe cada que va mudando, pues cambian de piel como las serpientes. Sólo que estás cenas nunca son la última como aquella famosa cena pues el paraíso que Zoe ofrece es terrenal.

Claro, hasta que todo sale terriblemente mal y entonces Zoe, ante la amenaza de que la verdad salga a la luz, lo que afectaría la cotización en bolsa y el valor de la marca de su compañía, trata de evitar que Samantha Lake, la protagonista, que había sido admitida en su inner circle; así le dicen ahora a los apóstoles, el inner circle, se salga del culto y suelte la sopa.

Y claro, acusa a Samantha de quererla traicionar, y violar su contrato de confidencialidad, aunque ella no es como Judas, no sólo porque en aquellos tiempos aún no existían los contratos de confidencialidad, sino porque sólo quería alertar a la gente; y que la llevaran a un hospital.

La maleta de trucos de la película para crear tensión está bastante gastada y ni hablar de la sensación de deja vu que nos deja a los que vimos La Substancia, que sin duda es mucho mejor. Hay otra semejanza con La Sustancia, un cosa como de complejo de Elektra, ya saben conflicto madre - hija, como el complejo de Edipo pero entre mujeres. Aquí hay un personaje, Chloe, que le gana un papel en una película a Samantha, que es actriz. Samantha fue niñera de Chloe y después de lo de la película la odia. Pero Chloe también es clienta de Shell y acaba convertida en monstruo.  Es como si Samantha fuera con una bruja, pues Zoe se ve mucho, pero mucho más joven de la edad que dice tener, como las brujas, y ella convirtiera a la joven rival en un monstruo e hiciera que le dieran el papel a Samantha.

Esta complicidad llega a su punto más cercano cuando ambas confiesan que no usan sus verdaderos nombres y Zoe dice: Las dos pretendemos ser lo que no somos.

Shell funciona como una fábula de la humanidad en la era digital y de las posiblemente letales consecuencias de andar diosificando gente que vemos en la pantalla, pero su rollo contra la vanidad como que sale sobrando.

Y su pésimo timing de salir al mismo tiempo que La Substancia la mata. Además si pudiendo escoger entre un monstruoso ajolote asesino gigante se van por una langosta, en tiempos de la ajolotificación, pues ni como ayudarles.