domingo, 28 de junio de 2026

Sepultar a los muertos

El Diablo en el Camino de Carlos Armella es una película centrada en la atmósfera (que recuerda a Macario, Rulfo etc.) y en la culpa de un ex soldado que mató cristeros, y hasta a una madre cristera, siendo él católico. Como ha de haber sido el caso de tantos en la guerra cristera, y hoy en día muchos que también sentirán que los demonios los acosan después de cometer alguna salvajada o masacre. Quizá los veremos como a Juan, el soldado arrepentido, pagando alguna manda en un intento de salvar su alma.

Aunque la de Juan no es una manda tradicional, no le juró a la virgen o a algún santo. Aquí los que cuentan son los muertos. A ellos es a los que hay que cumplirles. La película presenta una especie de catolicismo pelón. Sin curas ni monjitas, sin vírgenes ni santos, ni iglesias siquiera. Apenas unas cruces y unos rezos. Lo que vemos se parece más a un culto pagano a los muertos Y en donde un ser maligno, que puede aparecerse como un perro negro o un caminante, o como un viento repentino, se enseñorea sobre la tierra.

Vemos un México rural que es el paisaje de la culpa y el miedo, en donde los demonios guardan tesoros malhabidos en robos sangrientos. Como la tierra del crimen organizado antes del crimen organizado. Caminos decorados con cuerpos que cuelgan amarrados de los árboles. Donde sólo las muertas y muertos inocentes ofrecen protección. Una especie de canción de Caifanes hecha película. Almas recorriendo el país donde los fallecidos no saben que lo están, hechos polvareda y resonando como imagen de nuestro presente. Juan ayuda a su hijo muerto a llegar con su madre muerta como si fuera un desaparecido de esos que el poder no quiere ver. Como la gente del tren que no quiere saber nada del cadáver que carga Juan. Sólo que él debe enterrar a su muerto así deba atravesar el infierno. 


 

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