La Biblia de Neón (Terence Davis 1995) es una película muy fallida que vi por estar basada en el libro del mismo nombre de John Kennedy Toole, autor de una de mis novelas favoritas, La Conjura de los Necios. Sin duda parte de la culpa de esta somnífera historia es del director, quien al parecer aceptaba que le había quedado muy mal y dijo que todo era su culpa. Le dio un ritmo muy lento y la atascó de música de los cuarentas, que no resulta muy divertida que digamos. Seguramente hay música de la época que puede resultar interesante hoy en día pero no está en La Biblia de Neón, que es casi un musical aunque no comedia musical pues es un drama.
Se trata de la historia de un niño en los cuarentas que vive en un pueblo del sur americano y lo vemos como hasta la adolescencia. El mensaje es que pueblos como el de Georgia donde vive David son una prisión: Su padre golpea a su madre y lo lleva a ver como queman negros los del kukuxklan. A pesar de eso su mamá se vuelve loca cuando al papá lo matan en la segunda guerra mundial. Una tía que era cantante, como cantante de cabarets digamos, llega a vivir con la familia y David y ella se vuelven muy unidos. Y claro la tía es rechazada por la gente de este pueblo dominado por los predicadores, de ahí el título de la historia. En ese lugar dice David, en la escuela les pedían que pensaran por si mismos pero en la realidad el que no pensara lo mismo que todos los demás era rechazado tajantemente.
Al final David sale del pueblo y toma un tren decidido a irse al lugar más lejano posible sin importar cual. Es inevitable pensar que muy probablemente llegue a una ciudad. De los cuarentas. Un escenario de cine negro, de las historias de personajes que llegan del campo a ciudades que son una trampa.
También el final feliz de Ignatius J. Reilly, el protagonista de La Conjura de los Necios, es que se va, huyendo, a Nueva York.
Y es también inevitable pensar que John Kennedy Toole se suicidó sin encontrar otra salida.
Las últimas palabras de David, ya a bordo del tren que lo lleva al lugar más lejano que su dinero puede pagar es que a la mejor se reencuentra con su tía, que se había ido poco antes para retomar su carrera. Eso es una mala señal. David parece ir derechito a la telaraña de una mujer fatal. Por no mencionar que lo busca la ley.
Quizá lo que debería haber hecho es aceptar a la mujer, por el contexto probablemente otra viuda como su madre que perdió al marido en la guerra, que se le ofrecía. Así por lo menos no llegaría tan menso e inexperto a donde sea que vaya a llegar.
Y la película no sería tan aburrida.
Que de hecho pensándolo bien puede ser considerada un film noir, sólo que lo que vemos no es un personaje que llega a la ciudad sino que la ciudad va por él a través de la tía y sus historias. David le pedía que le contara de cuando había estado en alguna, como en Biloxi, que no será tan grande pero debía serlo comparada con el pueblo de David que estaba en un valle del cual él nunca había salido. Y la tía le decía que ella lo que amaba eran los escenarios con sus luces y demás. Dada la oscuridad medieval de su pueblo no es de extrañar que David busque las luces citadinas.
Siguiendo la teoría de que una persona, o un personaje, consigue lo que realmente busca, podemos concluir que David quería irse y ya. Supuestamente su tía le iba a mandar boletos para que se fuera a Nashville con ella. Quizá David no le creía, o no quería esperar, o no quería ir con su tía pero también con la nueva pareja de ella. Así que comete un crimen absurdo que lo obliga a irse de inmediato. Pero va como mosco huyendo de los neones de las iglesias a los neones de los matamoscos eléctricos de las ciudades. Si en cambio se hubiera vuelto amante de esa buena mujer que se lo quería coger al menos no iría tan deslumbrado.
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