sábado, 13 de junio de 2026

La voluntad de las armas

Gun Crazy (Joseph H. Lewis 1950) es otro clásico del film noir, el cine negro, con todos sus elementos; el destino de Bart, el protagonista, está sellado desde el principio y hay una mujer fatal que lo incita al crimen. Tal vez si algo falta es el contexto urbano de la ciudad como trampa, laberinto inescapable. Aunque aparecen Las Vegas y San Francisco, las ciudades son más bien puntos de paso. Sin embargo, y para mi este es un punto clave, Laurie, la mujer que será la perdición de Bart, es de Londres, hasta le dicen "La consentida de Londres". Hay entonces una mujer fatal que viene de una gran ciudad y yo creo que esto es la clave del noir: el corazón frío de la ciudad y (algunas) mujeres ambiciosas y sin escrúpulos que ahí habitan.

También vemos aquí el típico escape a la naturaleza sólo que ya demasiado tarde, otra característica del film noir.

Pero en Gun Crazy hay algo, antes de Laurie, que sella el destino de Bart. De hecho ellas son las que unen a la pareja; las armas.

Bart ama las armas desde niño. La ficción está llena de historias de armas con voluntad propia. Hay por ejemplo katanas japonesas, las espadas de los samurais, que se supone son más letales y peligrosas pues las hizo Muramasa, un fabricante de espadas legendario que era muy violento. No por ser mejores o más filosas sino porque tener el espíritu de su creador.

En Gun Crazy las armas llevan a Bart, con ayuda de Laurie, al crimen aunque no por un tema de magia sino con una lógica de encadenamiento de causas y efectos.

Bart no quería matar, ni animales, mucho menos gente. Pero tenía tan buena puntería que fue entrenador de tiro en el ejército. Y Laurie que vivía haciendo gala de su buen tino en un show de feria, le vio potencial. Ella tampoco quería matar, pero no quería era matar más gente.

También hay otra posible lectura de la trama: El fatídico final de Bart y Laurie es en el mismo lugar en una montaña a donde Bart y sus amigos habían ido de campamento una vez. Ahí vieron un puma y Bart no le quiso disparar. Según la hermana de Bart, que lo mantenía pues eran huérfanos, su hermano se había aficionado a las armas porque ella no tenía dinero para comprarle las cosas que los demás niños tenían. Pero su hermanito tenía muy buena puntería así que las armas, que en un principio eran de diábolos eran algo con lo que Bart podía sentir que era el mejor.

Así que quizá si él hubiera matado ese puma, por el que había una recompensa, hubiera tenido dinero para dirigir su vida a otro lado. Pues de hecho después, por robar una pistola, lo meten a un reformatorio. Aquí aplica un famoso dicho de lo aficionados a las armas: "Nunca saques tu arma si no estás dispuesto a disparar". 

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