La Diosa Arrodillada (Gavaldón 47) nos presenta a La Doña actuando una película con un pésimo guión. Acreditado al director Roberto Gavaldón, José Revueltas y otros tres escritores - aunque a decir de Revueltas todavía le metió mano otro después - decía que él no quería ni acordarse de la película, que había sido un desastre.
Y ¿para qué meter a La Diosa Arrodillada en un ciclo de la Cineteca Nacional dedicado al Cine Negro? si la historia es claramente una muestra muy tardía, y mala, de un romanticismo rancio y decimonónico, no tiene los elementos urbanos del género negro y apenas un poco de historia policiaca, y bastante fallida.
La Doña aquí no sale de femme fatal, pues su personaje Raquel, si amaba al personaje de Arturo de Córdoba, Antonio Ituarte. Más bien tiene un toque de Julieta, la de Romeo, por la muerte, por veneno y por equivocación, del amado. Además de repente habla, como otros personajes, en verso
De hecho en La Diosa Arrodillada vemos elementos de todo aquello con lo que rompe la novela negra. Empezando por los personajes aristocráticos, Antonio se supone que es un industrial pero en realidad tiene todas las características del aristócrata con todo y mayordomo quien, como en las historias de Sherlock Holmes, resulta un personaje clave para la resolución del "crimen" en la trama. Lo típico antes de la novela negra pues. Es una película como tantas otras que refleja una sociedad mexicana que no supera el fracaso de Maximiliano y Carlota y así tenemos a este mayordomo que ama a su ama. Pero como eunuco claro. Y también hay celebraciones de aniversario con todos los hombres de smoking escuchando atentamente a una dama tocar el piano.
Se nota que le quieren dar un toque moderno, hay varias escenas en aeropuertos y la película empieza con tomas de un avión. Pero también le quieren dar un toque popular y por eso Raquel tiene unas escenas en el obligatorio cabaret, aquel que se mete en la trama de las películas mexicanas aunque no venga al caso. Ya ven como es el cabaret mexicano, pregúntenles en La Casa del Poeta. Puras contradicciones en un drama completamente inverosímil. En un principio Raquel y Antonio dicen que por amor no dirán nada de sus oscuros pasados. ¿Pero saben cuál es el oscuro pasado de ella? Ser modelo para un escultor... ay por favor. Y luego Antonio la quiere matar de tanto que la ama. Mala y no es cine negro, ¿para qué darle al público de la cineteca gato por liebre?
El crítico Carlos Bonfil insinúa en su libro sobre la obra de Roberto Gavaldón que en esta película la que tomó el control fue La Doña. Suena creíble ¿a quién se le podría ocurrir este personaje de Raquel, rica pero cabaretera con final shakespereano, mala mujer pero santa?
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