lunes, 11 de mayo de 2026

El poeta comunista que privatizó el tiempo pero llegó al cielo

Underground (Kusturica 95) una comedia que acaba trágicamente, aunque cierra con el retorno de la comedia pero ya en el más allá, presenta como el pecado original que provoca el cambio de comedia a tragedia, a la traición. Marko es un pícaro ladrón mezcla de galán con sombrero de gángster, corbata y pistola que es como un hermano Marx de la desaparecida Yugoslavia, simpático como los hermanos Marx (y hasta con un toque de Mauricio Garcés según yo) pero comunista como otro Marx, Karl Marx.

Aunque Marko es un comunista de acción, de robar trenes para conseguir armas para el movimiento, no un comunista de teoría, aunque le da por la poesía.

Entonces todo era risa, sin importar la guerra y la ocupación nazi, hasta que Marko, de forma por demás capitalista, traiciona a sus camaradas, incluyendo a su hermano y a Blacky, su mejor amigo, poniéndolos a trabajar con engaños, en unos sótanos de los que no pueden salir y donde hasta el tiempo es manipulado por Marko.

El se queda con las utilidades, o como diría Marx, con la plusvalía del trabajo de sus explotados camaradas. Y además se casa con Natalia, que abajo en los sótanos está casada con Blacky.

¿Y qué pierden los engañados? El costo de vivir en la oscuridad no sale a relucir sino hasta después, cuando por fin vuelven a ver el sol y el hermano de Marko se ahorca y Blacky pierde a su hijo, mientras que los engañadores Marko y Natalia arden en el fuego.

Creo que la historia de Yugoslavia realmente es sólo el contexto histórico del drama en esta película en vez de que el drama sea una metáfora de la historia de Yugoslavia como se ha dicho. Aunque el final, con el banquete en un pedazo de tierra a la orilla del río que se separa y se va flotando como isla, puede leerse como un mensaje de resignación ante un país que se ha dividido. Y además la traición de Marko es a sus camaradas en la lucha contra los nazis. Pero la bajeza del bigotudo poeta también es contra uno de los bandos en la guerra civil. Esa es la última que comete y que le cuesta la vida. Es decir, aquí el mal es la traición en general, a los camaradas que incluyen al hermano y también a la esposa pues Blacky deja a la suya por Natalia, que ni lo quiere, y en el final feliz regresa con la esposa y Natalia ya ni le importa. El comunismo también es sólo parte del contexto.

Es una moraleja sencilla pero en una gran película, una gran producción en todos sentidos, considerada, con toda justicia, un clásico.  






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