jueves, 17 de septiembre de 2026

El canto del trans

Hedwig and the Angry Inch (John Cameron Mitchell 2001) es casi un musical casi una ópera rock, aunque con un rock bastante chafita. A Hedwig, anteriormente conocido como Hansel, se le dan más las canciones estilo Paquit@ la del barrio trans, a pesar de que según esto su santa trilogía son Iggy Pop, Lou Reed y David Bowie. Bueno de este último si se nota la influencia en una de las canciones, demasiado. Habría que agregar al Show de Terror de Rocky entre las influencias pues junto a esa película esta se siente si no derivativa al menos con semejanza familiar.

Además curiosamente esta cinta tiene una cosa en común con Rompiendo las Olas, la de Lars Von Trier. En las dos a los protagonistas les llega a través del radio música que marcará sus vidas, música que parece anunciar lo que vendrá. En ambos casos eso incluye música de David Bowie. Y lo mismo sucede en Christian F. En Rompiendo las Olas, Bess, la protagonista, vive en un aislado pueblo de Escocia pero en esta de Hedwig, en Christian F. y en la propia carrera de Bowie, Berlin juega un papel central.

En este caso Hansel escucha desde Berlin oriental, la parte comunista, la radio militar americana que parece jugar un papel de avanzada para el militar negro americano que luego llega a su vida y que le dice que se lo llevará a la tierra de la libertad y la cocacola. Sólo que antes debe hacerse la operación jarocha, como una mera cosa de trámite, una necesidad burocrática para que pueda sacarlo como su esposa.

Hansel era gay pero la idea de cortársela parece escandalizarlo. Su madre sin embargo también le dice que se la corte y, amorosamente, le dice que se ponga de nombre Hedwig, como ella. Antes Hansel/Hedwig había sido abusado por su padre y, considerando que después Hedwig dice en una de sus canciones que le ha dado una parte de sí a su madre parece que el que ella le dijera que se cortara el pito no le acabó pareciendo tan bien.        

Aparte tuvo mala suerte, la operación salió mal y acabo con un minipito, ni una cosa ni otra, y para colmo poco después cayó el muro de Berlin. Osea que podría haberse ido con su pito intacto a donde él quisiera si no se hubiera apresurado a hacerse la operación.

Lo que sigue, su vida en América resulta, sobre todo si la comparamos con lo que vivió antes, casi predecible. Se dedica a la música con sus altibajos, en uno de esos bajos acaba prostituyéndose en las calles de Nueva York. Lo del militar apenas duró y tiene un par de romances de final infeliz. Pero lo suyo, lo suyo, donde encuentra su redención es cantando y expresando así todo su drama.   

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