viernes, 11 de septiembre de 2026

Véase en caso de sentirse cursi

El diablo entre las piernas (Arturo Ripstein 2019) es una película cuyo título se refiere al deseo femenino pero ese deseo es sólo el pretexto para el verdadero demonio de la historia, el de los celos. Celos irracionales, desorbitados y violentos, pero que no aparecen sólo en un aspecto negativo. Pues Beatriz, la esposa celada, parece que sólo siente amor porque su marido la cela. Y por otro lado Isabel, la amante del marido de Beatriz, quisiera que su esposo la celara en vez de que fuera tan indiferente que ella le dice "Ya puedes pasar" cuando ha acabado de coger con el viejo amante.

Los celos hacen que el marido de Beatriz la insulte con un lenguaje florido que a ella le encanta, lo colecciona, lo anota todo y hasta se lo lee a otros.

Como de costumbre la pareja Ripstein - Garciadiego mete el bisturí hasta el fondo de una familia mexicana y presenta un cuadro esperpéntico de relaciones humanas a las que le saca toda la pus. Una pareja que no quiere a sus hijos, ni los hijos a ellos, así que nunca se ven y en cambio la sirvienta se vuelve una hija adoptada.

Lo mejor son los diálogos de la guionista esposa de Ripstein, Paz Alicia Garciadiego y lo peor la lentitud de las tomas como si así se expresara mejor la lentitud de la vejez de los personajes.

Pero se mete el dedo en las llagas de los hijos de la mala vida. Dice Isabel que ella y el marido de Beatriz nunca se han amado porque nunca se han mentido. Y luego entonces dice que amores sin celos y mentiras son puros cuentos.

Una película oscura que mejoraría mucho con una buena edición. Sí, es transgresor hablar del deseo sexual de una vieja  ¿Pero cuál es el caso de detenerse tanto en los detalles interiores de las casas? ¿O a qué viene al caso el tema de los modelos anatómicos del viejo? Todo eso creo que sólo le quita filo al bisturí que corta la piel de esta familia esposa-esposo-sirvienta, unos parientes venidos a menos de los Addams, con su hija asalariada del cuarto de servicio y su amor petrificado en forma de celos, pero que aún así petrificado y enfermo, es amor al fin. 


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