domingo, 27 de septiembre de 2026

Superficialidad insana, locura profunda

Aunque es de los setentas, Apocalipsis Ahora (Coppola 79) parece escrita para nuestros tiempos pues es una película en la que la gente se ha vuelto loca. De entrada el capitán Willard, el protagonista, lleva quien sabe cuanto tiempo encerrado en un cuarto de hotel. Fumando y bebiendo, alucinando, lastimándose a si mismo, y oyendo a los Doors. Estuvo de regreso de la guerra pero ya no soporta la vida de civil. Como en Sin Novedad en el Frente, una película alemana sobre la primer guerra mundial con soldados que odian la guerra pero odian aún más regresar a sus casas. Dice el capitán Willard que le dijo a su esposa que sí aceptaba, cuando ella le pidió el divorcio, y apenas nada más.

Para colmo le asignan la misión de encontrar y matar a un loco contagioso, el coronel Kurtz. El asesino que enviaron antes de él en vez de matarlo acabó siendo seguidor de Kurtz, quien ha establecido un culto alrededor de si mismo.

Al parecer la causa de la locura del coronel es el horror y el horror moral, como dice él, y ambos horrores, dice, son sus amigos. De hecho corta cabezas y cuelga gente. Aunque por otro lado vive en un templo y lee poesía y también filosofía oriental, es un guerrero filósofo, está loco. Pero los normales están como cabras. Estos están representados por el teniente coronel Kilgore. Un surfista metido de militar que sólo piensa en olas y tablas de surf. No ve realmente a los muertos, a los quemados con napalm, no ve dolor. Es por lo tanto funcional. Los Kilgore del mundo no ven, no oyen, no huelen nada malo. Obedecen y compran boletos para ir al estadio. El problema es que el alto mando encamina a todos al desastre.

Kurtz tiene conciencia y podría ganar una guerra. Pero no puede obedecer a payasos. Willard dice que Kurtz sabe mejor que él lo que va a hacer. Por lo tanto sabe que Willard lo matará y lo acepta.

Kurtz muere de horror, Willard aprende de él a apagar el radio por donde le dan las órdenes.

Ese radio y todos los medios tienen un papel central en este apocalipsis. Cuando Willard arranca su misión hay un equipo de cine filmando y el mismo Coppola aparece dándole instrucciones: No debe voltear a la cámara (si no como va a parecer eso un desembarque peligrosísimo). Kilgore musicaliza sus ataques de helicópteros como si fueran películas que necesitaran un soundtrack. Su insensibilidad también podría explicarse así: Para él las personas, incluido él mismo, son como monitos de una película.

Kurtz critica la superficialidad de los soldados que sólo piensan en comida caliente, cerveza y rock&roll (que llega por la radio) pues dice que soldados así nunca dejarán de ser novatos.

Y no sólo aparecen el cine y el radio. También la industria editorial. En una escena hay un show de conejitas de playboy para los soldados, y aparece un helicóptero militar con el logo del conejo de playboy. Más adelante Willard intercambia unos tanques con gasolina para que sus hombres puedan coger con las conejitas.

En otra escena, de esas que no salieron en la versión original de la película sino hasta Apocalypsis Now Redux del 2000, Kurtz le lee a Willard una nota de un semanario de noticias, Time o Newsweek, una de esas, donde se dice que la guerra le está saliendo de maravilla a Estados Unidos.

También aparecen libros. Willard y Kurtz tienen libros y hay varias referencias y frases de T.S.Eliot en la historia, quizá porque una frase de El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad, la novela en la que, muy libremente, está basada la película, servía originalmente de epígrafe a La Tierra Baldía de Eliot, incluyendo la célebre frase "el horror! el horror!" que son las últimas palabras de Kurtz.

¿Acaso tenemos aquí un cara a cara entre la profundidad de la poesía y la superficialidad de la radio y el playboy? Quien sabe pero es un hecho que la intervención americana en Vietnam fue por una cuestión de imagen. Se supo que la verdadera razón de Nixon para la guerra era para que Estados Unidos diera una imagen de fortaleza. No era nada estratégico como se declaraba públicamente.

¿Y qué es lo que más detestan Willard y Kurtz? Las mentiras. Que los llevan al horror y la superficialidad. "Cortamos a la gente por la mitad con una metralleta y luego les ponemos una curita para sentirnos bien" dice el capitán Willard.


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