Es un lugar común en la ficción mexicana que mexicano que migra a la ciudad de México acaba en la cárcel. Esto lo explico en el análisis de El Milusos. En ese sentido Ratas de la Ciudad (Valentín Trujillo 1986) pertenece a ese genero que podríamos llamar de Migrantes que se meten solitos a la ratonera chilanga.
Pero también es una película que rompe con otros tópicos típicos: Para empezar aquí en vez de un padre abandonador tenemos una madre abandonadora que deja al marido y al hijo, por otro hombre. Luego hay un policía judicial que es un personaje poderoso en la cárcel. Cuando la leyenda dice que ahí los matan. En Llámenme Mike al judas que cae en la cárcel lo dejan lelo de una madriza.
Pero de cualquier modo rompiendo con esa idea la película acata otra regla, esa sí grabada en piedra, del cine mexicano, el judicial representa al poder y viceversa.
Vista así lo que nos presenta esta película es la historia de dos personajes, el maestro de deportes Pedro y su hijo Pedrito que son como dos bolas de billar golpeadas por la bola del poder y que salen en direcciones contrarias. Como dos venaditos lampareados por las ilusiones de Reino Aventura, el parque de diversiones de la capital que pasó a ser Six Flags, son embestidos afuera de este por el coche de un judicial borracho que no ven pues lo tapa un puesto de periódicos con sus noticias que les ocultan lo que se les viene encima.
Pedrito acaba en el hospital y después en la calle y el papá va a dar a la cárcel por negarse a firmar la falsa versión de los hechos del policía. Los dos acabarán siendo comidos e integrados en puntas del poder aparentemente opuestas pero que todo mundo sabe están unidas, la delincuencia y la policía judicial.
Pedro pasa en unos años de presidiario a madrina, como se les dice en México a los tipos que trabajan para la policía sin serlo. Y al final acaba graduado de judicial con placa. Una trayectoria que no tiene nada de raro en México.
Pedrito por su parte es engullido por una sangrienta pandilla de niños, las ratas. Unos niños rata de los de antes que nomás robaban y mataban pero no se metían a internet porque todavía no había internet. Pedrito y su amiguito ladrón y tragafuegos, que primero le dio una torta y luego lo puso a robar, se meten al nido de estos escuincles sin darse cuenta.
Con Pedro se da otro lugar común, el policía lo saca para que trabaje para él.
Ratas de la Ciudad toma dos temas muy sonados de los ochentas: Los chavos - banda, acá escribí de otra película que toca el tema. Y las guerrillas. En ese entonces había guerrillas y guerra en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. En la película se escuchan noticias sobre la guerrilla en El Salvador mientras Pedro tiene su bautizo de fuego enfrentando a unos guerrilleros.
Padre e hijo se reencuentran al final como dos bolas de billar que coinciden tras múltiples rebotes. Pero más peligroso que enfrentar guerrilleros armados es quedar en la mira de los policías que manejan tras bambalinas a los criminales. Como le sucede a Pedrito.
Ya que la película saca el tema de la guerra en El Salvador conviene recordar que las famosas maras centroamericanas (nombre que viene de marabunta, como las hormigas marabunta que atacan en montón, como los niños de esta película), se formaron con migrantes centroamericanos que huían de la guerra, y la pobreza, y formaron las maras o pandillas en Estados Unidos, específicamente en Los Ángeles y luego fueron deportados de regreso a sus países.
Aquí Pedro y Pedrito migran sin saber que se están metiendo en esas guerras soterradas que son el crimen y la lucha por el poder.
Ratas de la Ciudad se presentará en una versión restaurada en el ciclo El boxeador, el hombre y la dama de el festival internacional de cine de la UNAM, el FICUNAM. Aunque la verdad es que apenas tiene algo de box, un round que Pedro se echa en el Reclusorio Oriente y ya. La dama es el personaje de Angélica Chain, una trabajadora social, pero es un personaje más bien secundario. De cualquier modo esta película es considerada un clásico y merecidamente.