viernes, 14 de agosto de 2026

De mandilón a proxeneta

Lo primero que me llama la atención al volver a ver La Ley de Herodes son todas las imprecisiones históricas que no había notado antes. Básicamente la película presenta una visión del PRI de 1949, y de paso del PAN, que no corresponden con lo que sucedía en ese tiempo.

Vemos en la película a un país ya acostumbrado pero harto del "partidazo", pero en el 49 esa situación no había acabado de cuajar, y tampoco el PRI era un partido ya con reglas y rituales tan establecidos. 

Durante mucho tiempo los mexicanos se quejaban principalmente de los militares pues militares y políticos eran casi lo mismo. Desde la independencia los militares se habían disputado el poder a balazos con apenas unos cuantos licenciados que habían llegado a la presidencia.

Entonces uno no se quejaba de morena o de los políticos, o del PRI, sino de los militares. De hecho el PRI tuvo ese nombre apenas en 1946, tres años antes de que Varguitas llegara a la presidencia municipal de San Pedro de los Saguaros. Y le cambiaron el nombre de Partido de la Revolución Mexicana a Partido Revolucionario Institucional pues se les hizo buena idea enfatizar lo de institucional para recordarle a la gente que gracias a ellos la presidencia ya no se disputaba militarmente. Además al partido le quitaron, al menos oficialmente, al sector militar. Todo esto porque el siguiente presidente sería un civil, el licenciado Miguel Alemán.

Pero los militares seguían siendo poderosos políticamente. El último cuartelazo, como se les decía a los muy comunes intentos de golpes de estado fue en 1939. Pero la elección del 40 se disputó entre dos militares, los generales Avila Camacho y Almazán, este último al perder desconoció los resultados y se quiso levantar en armas. Incluso después del tiempo en que se sitúa la película, en las elecciones del 52, el candidato que quedó en segundo lugar fue otro militar, el general Henríquez Guzmán. Y también se temía que los llamados henriquistas se alzaran en armas, cosa que querían hacer. Pero al menos en esa ocasión los expresidentes, y generales, Cárdenas y Avila Camacho, lograron evitar y esto sin recurrir a la violencia, que Miguel Alemán se reeligiera, como pretendió. 

El país que se presenta que en el 49 ya estaba malacostumbrado al PRI es engañoso. Inclusive uno de los mismos personajes de la película, el secretario Pek, dice que el tata Cárdenas, así le dice, el tata, les había puesto la escuela pero que con el siguiente presidente le habían dejado de pagar al maestro. Cárdenas dejo la presidencia en 1940, nueve años antes, es el mismo tiempo que media entre, digamos este 2026 y el último gran terremoto en la cdmx en el 17. ¿Entonces en 9 años pasaron de la indigna ridiculez de decirle tata al presidente a estar hartos de toda la vida del PRI?

Hay sin embargo un personaje de la película que refleja con mucho mayor fidelidad lo que era la política en esos tiempos, el general y gobernador del estado que interpreta Ernesto Gómez Cruz. El, al recibir la noticia de que le han impuesto como sucesor en la gubernatura a su enemigo se pone a despotricar contra los licenciaditos y catrines. Dice que va a arreglar el problema a la antigüita y no necesita siquiera explicar que eso significa matar a su rival. Remata diciendo que va a luchar por la presidencia formando el verdadero partido de la revolución. Justo lo que hacían los militares rebeldes tradicionalmente.

Por otro lado la película ensalza al PAN a través de un personaje imposible. Se entiende pues la película es del 99 y el PAN estaba muy fuerte. Pero el PAN nunca ha tenido mucha presencia en zonas rurales, mucho menos indígenas. Y menos en los cuarentas cuando el PAN era muy pequeño. Aunque se fundó en el 39 no pudo lanzar un candidato propio a la presidencia sino hasta el 52. Que quedó en tercer lugar. Eso de que en el 49 los panistas eran ya la oposición por definición, bien conocidos y hasta estereotipados y que en San Pedro de los Saguaros había un fiero opositor panista que organizaba a la comunidad indígena es como decir que el pueblo se informaba por medio de tiktok.

Y lo de que al avaricioso cura del pueblo le iba tan bien con Vargas que este le dice que nunca le había ido tan bien como con él... pues había habido una guerra entre el gobierno y la iglesia, la guerra cristera. Y aunque la parte violenta del conflicto duró como hasta los treintas, la relación iglesia - estado no se normalizó sino hasta el sexenio de Salinas. El PRI y la iglesia se llevaban muy mal.

¿Y entonces porque situar una historia sobre el hartazgo con el PRI, con las crisis económicas, los asesinatos políticos y hasta con rebelión indígena incluida, es decir con las características de los noventas, pero en los cuarentas, cincuenta años antes?

Creo que paradójicamente la película explota una nostalgia del pasado. La historia mete la denuncia política pero dulcificada con el escenario de un pueblito que a pesar de todo está idealizado: El pueblo es bueno, los malos presidentes municipales llegan de fuera. El PRI es malo pero aquí el México de los primeros años del PRI, los años del mambo y las rumberas, contradictoriamente tienen un aire reconfortante.

Y todo lo anterior es sólo el contexto político porque la trama de la película gira alrededor de la pistola de Vargas y las mujeres. Esta es en el fondo una sexycomedia envuelta en un traje político. Vargas se refocila en la cama, como diría Catón, con las tres prostitutas del lugar. Y al mismo tiempo. Además hay escenas de sexo con su esposa, y con la esposa del panista faltaba más. Y además está la escena entre la esposa de Vargas y el gringo.

Y todo este goce sexual de Vargas y hasta, indirectamente, el del gringo Robert Smith, tienen que ver con la pistola que le regalan a varguitas.

Esta pistola le permite cumplir no sólo sus fantasías sexuales sino también las políticas, pues gracias a que con ella mata al secretario de gobierno, el personaje de Pedro Armedáriz, logra llegar a la cámara de diputados.

Pero más específicamente lo que la pistola le permite a Vargas es ponerse en los zapatos de la madrota doña Lupe.

El empieza como un personaje amable, apocado e idealista. Ella en cambio es violenta y malhablada, se lava la boca con tequila y los problemas los arregla con el machete que siempre carga. Cuando Vargas la mata y le roba sus zapatos es cuando el poder lo empieza a enloquecer. No sólo la mata sino que le roba los zapatos algo que en el momento es meramente simbólico pues no es que tuvieran valor económico. Además se queda con el negocio de doña Lupe. Su esposa se va con Robert Smith pero él mismo lo metió a su casa. Es como si la pistola lo hubiera cambiado casi mágicamente de esposo a padrote.

Supongo que ya después de eso lo de acabar de diputado es pura añadidura.

        



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