Insaciable (Saccharine) nos presenta a un monstruo, una especie de sirena mórbidamente obesa que en lugar de encantar con sus cantos lanza milky ways, reeses, sneakers y todas las demás cosas deliciosas y malsanas que pueden comprarse en oxxos, sevens y demás tiendas de conveniencia. Sólo que de Australia pues es una película australiana.
Se supone que es un fantasma pero no da miedo, da hambre. Más fantasmal y lúgubre es el padre de la protagonista Hana, a quien escuchamos pero no vemos hasta ya bien avanzada la historia cuando aparece con su complexión de vaca marina que quedó varada en un sofá frente a la tele y que le ofrece hot cakes a su hija a dieta.
El tercer monstruo que le canta al oído a Hana es el deseo encarnado en la seductora y fit Alanya y para llegar a ella Hana debe comerse tenebrosas pastillas para bajar de peso, que entre otras cosas ponen en peligro su vida. Hana consigue a Alanya pero se revela también como un monstruo de afilados dientes que se saciara con la carne de la que originó su sufrimiento. Suena justo pues el hambre es canija.
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