viernes, 7 de agosto de 2026

Embriaguez de rompope

Azuzado por críticos de cine que me la recomendaron vi Patsy, mi amor (Manuel Michel 68). Lo primero que debo decir es que la película surgió del tema de las películas mexicanas hiperlentas, yo dije que la película que inaugura esta soporífera moda es Temporada de Patos de Fernando Eimbcke pero estos veteranos de la crítica cinematográfica respondieron al unísono que no, que era Patsy mi amor.

Pero que la viera porque Ofelia Medina sale muy guapa.

Y sí, Ofelia Medina sale muy guapa. Pero no se me hizo lenta, para nada. De verdad no se que les pasa a estos críticos mexicanos. Y que bueno que no fue de las lentas.

Otro mal augurio es que resulta que el guión de la película es nada menos que del Nobel Gabriel García Márquez. Afortunadamente el gabo se pasó a las novelas porque su etapa como guionista de películas mexicanas no fue muy afortunada. Hay por ahí una película dizque de espionaje internacional con espías espiando en el parque México, lo que se ve muy ridículo, por poner un ejemplo de los guiones de García Márquez. Hay otra sobre una pandemia o megaepidemia o algo así.

Pero el caso es que Patsy, mi amor no es mala.

Chimalistac, pueblo onírico

Patricia o Patsy, el personaje de la Medina, lleva una existencia de lo más agradable. Acaba de regresar de un viaje de un año por Europa  y estudia letras en la UNAM, en donde la vemos tomando una clase sobre San Juan de la Cruz, con el Profesor Luis Rius, un Profesor de la vida real, y se clava con este poeta místico español. 

Muy pronto el tema de los amoríos de realidad cuestionable entrará también en la vida de Patsy pues así como los místicos se enamoran de Dios, ella se enamorará de otro ser del que no sabe nada y que no podrá ser totalmente suyo al menos en lo terrenal pues cae con un hombre casado. Al que no le puede llamar, no sabe a que se dedica ni donde vive, ni siquiera sabe si el nombre que él le da es real. El es como una aparición que de repente la llama.

Curiosamente en esta película sale también un personaje misterioso que cumple con todas las características del stalker. En una película mexicana del 68, mucho antes de que el personaje del stalker, y el término mismo, aparecieran en la imaginación colectiva. Y este stalker a quien Patsy y sus amigos llaman el viudo (¿porque? quien sabe pues nadie sabe nada de él) se confunde con Ricardo, el casado con quien se enreda. Al principio Ricardo la inunda con flores y cartas y es lógico pensar que puede ser el viudo, pues no se sabe quien las manda.

Eso hace aún más fantasmal el amor de Patsy. Aunque lo suficientemente real como para llevarse su virginidad.

¿Pero cómo? ¿Después de un año en Europa esta estudiante de la facultad de filosofía y letras seguía siendo virgen?

Pues sí, de hecho ese es el tema con el que arranca la historia. Ella tiene un grupo de amigos y amigas y su vida gira alrededor de ellos y de sus papás. Entre estos amigos tiene varios pretendientes. Parece un grupo moderno y más bien liberal. En una escena ella cita a los pretendientes y luego hace un sorteo para ver con cual de ellos se va a ir. Pero Patsy no afloja. Aunque está enamorada de uno de ellos y hay otro al que siempre corta cuando ya están a punto de coger.

Esta es una película con el tema del sicoanálisis muy presente: Hay un antro llamado Tótem y Tabú, cubierto con imágenes de Sigmund Freud y en donde toca el grupo Los Complejos de Edipo. Parece que hay la intención de vincular la atracción de Patsy con un hombre casado y padre de familia con su propio padre. Vemos a Ricardo hablando y hay un corte al papá  también hablando y sentado como Ricardo. Al final cuando la relación termina, gracias a que ella le cuenta todo a su papá, él, que es un diplomático, promete llevársela en todos sus viajes mientras ella se chupa el pulgar de forma infantil.

Pero yo veo algo más, veo fantasmas del convento por decirlo de algún modo.

Me explico: Patsy vive en un mundo culto y cosmopolita. En su cuarto hay posters de los Beatles y de Bob Dylan, practica ballet y pinta en caballete. A lo largo de la película salen a relucir Luis Buñuel, Marc Chagall y hasta Roman Polanski. Además de Freud. Pero su mundo también tiene un lado colonial digamos. Es decir católico tradicional.

Además de San Juan de la Cruz este lado está representado por la mamá de Patsy. Señora que después de ver a su hija bailando en la tele concluye que su retoño va derecho al embarazo. La mamá tiene un director espiritual, pertenece a grupos de beneficencia como indica el cliché y le pregunta a su hija que porqué ya no frecuenta a las monjas con las que se educó.

Además está Chimalistac. Para quienes no lo sepan Chimalistac es uno de varios barrios al sur de la ciudad de México que conservan antiguos caserones del estilo que en México llamamos colonial.  En general estas zonas, Coyoacán, San Ángel, Chimalistac o el centro de Tlalpan, tienen un aire antiguo refinado, al menos en ciertas partes. Pero es un ambiente de iglesias, conventos y puede sentirse digamos que un catolicismo tradicional. No que la gente ahí lo sea pero que es algo que puede verse en las calles.

Patsy y su familia viven en Chimalistac. En una escena onírica que me parece clave (Y claro que en una película con tanto sicoanálisis no podía faltar el tema de los sueños) Patsy está en lo que parece su habitación pero pintada completamente de blanco, arquitectónicamente parece una iglesia antigua o convento y ella también está toda de blanco y tiene un gran medallón como de monja. Despierta a un fraile o monje que está acostado en un ataúd y se van caminando juntos por un pasillo con arcos. Este sueño sucede cuando está en medio de la relación con Ricardo quien a fin de cuentas está muerto para el amor pues no dejará a su familia.

Irse con este fraile, o con Ricardo, es como retirarse del sexo y el amor: Después de cortar con el casado, el tipo del que estaba enamorada ya no quiere saber de ella. Coge con otro de los pretendientes pero ahora lo compara, desfavorablemente, con Ricardo. Y dice que el hombre de su vida fue Ricardo que ya se fue y no será suyo.  Y se va chupándose el dedo a viajar con su papá. Al final el casado para lo que sirvió fue para quitarse de encima a los pretendientes. En un diálogo Patsy dice que hay que vivir y que eso se hace mejor despierto/a, pero ella parece dormirse en un sueño infantil. O quizá de paz conventual.           


   


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