Brazil (Terry Gilliam 85) parece que transcurre en el mundo de George Orwell, hay un gigantesco ministerio de información que viene siendo como el gran hermano de 1984 (No el año, sino 1984 la novela de George Orwell) y hay posters con mensajes orwellianos ( No sospeche de sus amigos, delátelos) por todos lados. Pero en realidad el tema de la película tiene más que ver con La Guía del Viajero Intergaláctico, pues en esa película como en Brazil, la burocracia es un tema central.
Me llama la atención que el mundo de Brazil está lleno de tubos y tuberías, hasta los logotipos de las instituciones tienen tubos. De hecho la película empieza con unas televisiones en un aparador en donde vemos un anuncio de tubos. Las teles y el aparador explotan gracias a un bombazo terrorista y aquí los terroristas son los buenos.
No hay que estirar mucho la imaginación para darse cuenta que los tubos representan la burocracia. En México cuando las cosas se complican decimos que se ponen de cuadritos. Acá se ponen de tubitos. Igual que en la serie Adolescencia, a cuyo análisis le puse El adolescente en la tubería.
Y también hay lo que me parece es todo un género cinematográfico al que le puse Recuerdos fantasmagóricos al final de la historia, en donde los ductos, específicamente los del aire acondicionado, juegan un papel importante pues los personajes escapan a través de ellos de mundos irreales.
En Brazil la realidad también es tapada y negada pero todavía no al grado de haber mundos virtuales falsos como sucede en el cine de los noventas. Aquí los oficinistas hacen como que trabajan, los bisteces son de espuma, el terrorismo es minimizado, los paisajes devastados no pueden verse por tantos anuncios felices y los torturadores/represores/opresores se ponen máscaras de bebés, se visten de santa clós, cantan villancicos y hablan con sonrisas perfectas de sus perfectas familias.
El mal sin embargo va más allá de los personajes específicos. No hay un gran villano, el mal es el sistema burocrático mismo que obliga a las víctimas a pagar los costos de su propia tortura. La trama de la película arranca cuando por culpa de una mosca un documento sale con una letra cambiada, así que un hombre morirá torturado por eso y a una mujer, Jill, la quieren desaparecer por tratar de ayudar al injustamente acusado. Pero claro, se considera que el sistema es bueno. En Brazil el bien y el mal se confunden y no se puede distinguir bien entre ellos, así un enemigo que se le presenta a Sam Lowry el protagonista, es un robot samurai y cuando Sam lo vence y le quita la cara mecánica resulta que tiene su cara, se ve a si mismo.Y Jill, de quien Sam está enamorado lo ve como a un cerdo fascista... porque él justo acaba de entrar a trabajar a la oficina de los cerdos fascistas. Aunque lo hizo para ayudarla.
Aquí además las mamás y los bebés son malos, empezando por la mamá de Sam que lo quiere casar con una mujer que a él no le interesa, y quiere que haga una carrera que él no quiere hacer, la mujer es totalmente falsa y como ha de ser de mala que el burócrata más malo y poderoso está enamorada de ella, la mamá de Sam representa al corazón podrido del sistema. En la alucinación final del hijo una mujer se le presenta alternativamente como Jill y su mamá. Voltea y es Jill, vuelve a voltear y es su madre. Y los bebés son mounstritos como fetos muertosvivientes esporas del sistema. Se usan máscaras de bebé para sacar información con torturas. Que es el nombre del juego, el poder se trata de la información, lo dice el mismo viceministro de información y el espacio de las torturas podría acondicionarse fácilmente como un panopticón foucaultiano, la tecnología que señala Foucault fue diseñada para sacar la verdad de la gente, y también para que el poder meta su verdad en las conciencias.
Así que Sam se acaba yendo al cielo, es decir a una casita en el campo con Jill. Pero gracias a que enloquece. Como el adolescente de Adolescencia, sólo que a este su locura de tipo homicida lo lleva a la cárcel.
En fin, que los laberintos burocráticos, tanta falsedad, confusión y posverdad nos acabarían volviendo locos tarde o temprano, estábamos advertidos.
Y de nada sirve volar las tuberías, hasta Tuttle, un terrorista/superhéroe/técnico de aires acondicionados desaparece bajo una montaña de documentos oficiales.

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