Claro, murió de unos balazos que le recetó Benny Blanco del Bronx. Pero el Carlitos de Carlito's Way (De Palma 93) sabía que debía matar a Benny Blanco. Ya lo tenía, su esbirro Pachanga quedó sorprendido y decepcionado cuando Carlitos le ordenó soltar a Benny Blanco en vez de matarlo y echarlo al río, que era lo lógico y que no ofrecía complicaciones según Pachanga. Fue como un suicidio, Carlitos sabía que si no lo mataba lo iban a matar y aún así no lo mató. El colmo fue que le advirtieron a Carlitos que después de eso Pachanga lo había traicionado y que ahora trabajaba para Benny ¿y qué hace Carlitos al final? Le encarga a Pachanga a su amada Gail, diciéndole de paso su plan de escape.
Su problema en realidad es que ya soñaba con el paraíso y la paz. Sólo que como si le hubiera pedido sus deseos a un genio de los deseos chocarrero y chambón en vez de enviarlo a la paz de Paradise Island en las Bahamas, lo envió a la paz de los sepulcros. Pero en el fondo Carlitos lo sabía. Nadie le creía que se había reformado y él sabía que no se había reformado sino que había perdido las ganas, se lo dijo alguien en la cárcel, la gente como él no cambia sólo pierde las ganas, y él lo repite porque es su verdad. Estaba cansado, dice que su culo puertorriqueño ha vivido más de lo que se suponía debía haber vivido. Que toda su pandilla ha desaparecido, que no reconoce su barrio, que la gente ahora baila cosas que él no baila, que ya no hay minifaldas y que hasta las drogas cambiaron.
Le dice a Gail que debe ayudar a Kleinfeld porque esas son las reglas que sigue, que él es así y no puede cambiar, pero en ese caso también debía matar a Benny Blanco, esas también eran las reglas. Se traicionó a si mismo, dijo que hacer favores te mata más rápido que una bala y ahí va a hacerle el favor a su abogado Kleinfeld. El mismo Dave Kleinfeld se lo dice más tarde, que eso del código de las calles es pura basura y en realidad la única regla es salvarse a uno mismo. Desde que su amigo abogado se la hizo de tos a unos mafiosos en el centro nocturno, Carlitos dice que sabía que lo iba a meter en problemas, antes incluso de subirse al yate donde otra vez al verlo hasta las narices de cocaína supo que eso acabaría mal.
Y él mismo lo dijo cuando le advierte a Kleinfeld que había cruzado la línea y ya no era un abogado sino un gángster, y remata: y de eso no hay vuelta atrás. ¿A poco creía que por irse a Florida o a las Bahamas se libraría de la mafia? Claro que no, sabía que en su caso para ir a ese paraíso anunciado en los andenes del tren él no debía comprar un boleto sino hacer una escala en la Funeraria Fernández de la calle 109. En el fondo siempre lo supo.
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