La Cocina (Dirección y guion Alonso Ruizpalacios 2024 basada en The Kitchen de Arnold Wesker)
Alguien del equipo de La Cocina me contó que la instrucción del director fue que el sonido de la película debía ser como el sonido del interior de un submarino. Creo que en realidad la película toda es como la historia de los operadores de una máquina, como un submarino con sus marinos y oficiales. Y el final feliz es cuando el submarino parece hundirse pero uno de sus instrumentos da señales de vida y todos respiran aliviados: El motor sigue funcionando, no morirán.
Pero no es un submarino en la guerra. Es una máquina que muchos conocemos de nuestros trabajos, una de tantas máquinas de la economía, con los escritorios, los pasillos, las estaciones de trabajo en la línea de producción, los clientes. Y la omnipresente presión, los conflictos que estallan como ollas express y la camaradería que de repente se asoma a la hora del descanso. Así como los sueños de escapar de ahí a una playa desierta. Y están los amores de la chamba y la insensibilidad del sistema al que no le importa si alguien necesita dinero para hacerse un aborto. O si ya abortó. Hay que trabajar y achicar el agua que inunda la cocina. Como dice el chef, a él no le importa en lo más mínimo lo que le pase al personal. Hasta que todo truena y entonces hasta el dueño baja al cuarto de máquinas y se pregunta que demonios pasa y parece implorar al cielo por una respuesta.
La historia se sitúa en Nueva York, en un restaurante en Times Square y por lo tanto en una cocina en la que conviven múltiples idiomas y nacionalidades. Al principio una joven cocinera de Huauchinango Puebla llega a pedir trabajo armada con su experiencia en un Sanborns.
Sin embargo a pesar de lo específico de la ubicación del restaurante es una historia universal cuyo tema principal es el trabajo, pues el restaurante podría estar en un lugar donde todos hablaran el mismo idioma pero con que unos fueran aficionados a un equipo de futbol y otros a otro las divisiones estarían igualmente presentes.
Me queda claro que esta película a pesar de todos sus diálogos en inglés y francés y de ser una historia ubicada en Nueva York, basada además en la obra de un dramaturgo inglés, habría sido una mejor propuesta de México para los Goyas y los Oscares. A fin de cuentas si se considera una película mexicana pues es mexicana y ya.
Basta del cine mexicano que sólo se ve el ombligo. Estaría bueno que nuestro cine aprendiera algo de Estela, la chica del Sanborns de Puebla que llega a un restaurante de Nueva York. Como tantos mexicanos de la vida real que quieren más mundo y no quedarse en temas locales.

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